Monday, 23 April 2018 06:00

Arte Moderno 3

MARIO PERNIOLA,  Idiocia Y Esplendor Del Arte Moderno 3

EXPLENDOR DEL REALISMO ACTUAL
              El realismo extremo no se agota sin embargo en una actitud puramente negativa, en la que dominan las categorías de lo desagradable y de la idiocia.  En él actúa también una fuerza que se mueve en la dirección opuesta: hacia horizontes positivos, o en cierto modo más operativos. Dos tendencias aparecen con especial nitidez: la primera orientada hacia la moda, la segunda orientada hacia la comunicación.
              El realismo extremado ha producido una cantidad bastante considerable de imágenes dotadas de fortísimo impacto emocional: estas imágenes interactúan con las de la moda, el cine, la televisión, internet, el grafismo, la publicidad, el diseño, dando origen a un imaginario social caracterizado por la provocación. La búsqueda de la novedad y del efecto perseguidos por sí mismos supone también un rápido desgaste y obsolescencia de las imágenes, que deben ser continuamente sustituidas por otras dotadas de mayor fuerza de impacto, o dotadas de características capaces de despertar atención. El arte tiende así a disolverse en la moda, la cual embota y debilita la fuerza de lo real, disuelve su radicalidad, lo normaliza y homogeneiza todo en un espectáculo generalizado.  El ámbito de lo real queda prisionero de lo imaginario, a lo que Lacan atribuye precisamente un poder seductor e invalidante: lo imaginario es el reino de la ilusión, de la espectacularidad, del narcisismo.  Le falta bien el carácter estructurado y mediado de lo simbólico, bien la áspera e inaccesible traumaticidad de lo real.  Para calificar lo imaginario Lacan introduce la palabra captation, que indica precisamente una doble acción de fascinación y apresamiento. Hoy el arte es ciertamente afín a la moda, pues comparte con ésta no sólo el escalofrío de la novedad y del desafío, sino también la ebriedad que deriva de sentirse en conexión directa con el espíritu del momento; sin embargo, no es nunca actual en el sentido en que lo es la moda, es decir, no es sociológicamente dominante.  Ya el hecho de que el arte anticipe el tiempo por venir lo hace por el contrario esencialmente ”inactual”: lo que además hace aumentar esta ”inactualidad” es el deseo de sustraerse al desgaste del tiempo y de provocar siempre asombro y maravilla.  De ello se sigue que a partir del momento en que el realismo extremado se pone de moda, pierde su relación con lo real y queda enredado en los halagos de lo imaginario.  Respecto al arte, la moda está siempre retrasada, vive de imitaciones y de recuperaciones.
              Para el arte de hoy la segunda tentación sería la de disolverse en la comunicación.  En efecto, el carácter perturbador de los mensajes transmitidos por la experiencia de lo real exalta su valor comunicativo.  Para una actividad que, como la artística, se desenvuelve en un ambiente muy a menudo mortecino y asfixiante, la entrada en circuitos comunicativos más vastos, como los de la publicidad y la información, puede parecer a primera vista una vía atractiva. Sin embargo, también en este caso, como en el de la moda, es lo imaginario lo que se impone sobre lo real y sobre lo simbólico. Según Lacán, existen dos tipos de; discurso que presentan características opuestas: la parole pleine, que articula la dimensión simbólica del l11uaje, se diferencia fundamentalmente de la parole vide que articula la dimensión imaginaria del l11uaje: sólo la primera es rica de sentido (sens), la segunda tiene sólo significado (Dylan Evans, op. cit, p. 19 l). Mientras que la segunda es fácil y fluida, la primera es laboriosa y difícil de articular. Mientras que la segunda se relaciona con fenómenos de identificación ficticia, de agresividad y de alienación, sólo la primera constituye una parole fondante que transforma profundamente a quien habla y a quien escucha.  Ahora es evidente que el arte extremo es así precisamente porque aspira a este fin; en caso contrario, nada lo separaría de las corrientes artísticas de los años ochenta, de las que con tanto empeño desea distinguirse. Además, la disolución de la obra de arte en la comunicación no sería otra cosa que la continuación del vitalismo subjetivista: en efecto, si en el arte existe un núcleo duro, no hay que buscarlo en el sujeto, en el artista, en su deseo de expresarse y de comunicarse, sino en la obra, en su radical extrañeza, en su irreductibilidad a una identidad única, en su carácter esencialmente enigmático.  El arte no puede disolverse en la comunicación, porque contiene un núcleo incomunicable que da origen a un sinfín de interpretaciones.  Desde este punto de vista, es afín a lo real, con lo que comparte su áspera y rocosa inconveniencia.
              La positividad del realismo extremado se orienta en una dirección que salve la especificidad del arte, que no la disuelva en la moda o en la comunicación.  Aquí son también Schelling y Lacan quienes nos señalan el camino. El estupor de la razón, del que habla Schelling, no es sólo aturdimiento y estupefacción, sino también éxtasis: tal estado debe ser considerado como un punto de partida para una búsqueda positiva que sustrae el pensamiento a la fisicidad y el mutismo (Luigi Pareyson, op. cit., p. 425).  Esta vía es para Schelling la de la filosofía positiva, es decir, la de una razón que se enfrenta a algo situado fuera de ella y que a su vez se sitúa fuera de sí. El aspecto esencial es pues un proceso de extrañamiento, que sin embargo es visto como una alienación que es preciso superar, pero como una situación que se abre a nuevos horizontes.
              La noción de alteridad es fundamental en la obra de Lacan, que distingue un ”gran Otro” (con mayúscula) de un ”pequeño otro” (Dylan Evans, op. cit, p. 133).  El logran Otro” pertenece al orden simbólico y designa una alteridad, radical irreductible a las proyecciones del imaginario: el l11uaje y la ley pertenecen al ámbito del ”gran Otro”; más específicamente el l11uaje es considerado no como un medio para expresar la subjetividad del yo, sino como una entidad dotada de una dimensión inconsciente, totalmente otra respecto a la conciencia. Pero a propósito del ”pequeño otro” Lacan elabora la teoría más interesante y original, especialmente a partir del momento (1957) en que lo piensa asignándole el nombre de objet (petit) A. Tal expresión acaba (en 1963) adquiriendo los caracteres de lo real: el objet (petit) A es el objeto inalcanzable por definición, la cosa en su muda realidad inaccesible tanto al l11uaje como al inconsciente.
              Lo que el realismo extremo del arte de hoy pretende alcanzar es precisamente el objet (petit) A de que habla Lacan.  A través de él lo real no ya como trauma, sino como esplendor.
              Ya en el seminario de 19601961 Lacan piensa el objet (petit) A atribuyéndole los caracteres de la palabra griega ágalma, extraída del Simposio de Platón.  Ahora bien, ágalma significa precisamente gloria, ornamento, dádiva, imagen de una divinidad, y procede del verbo agállo, que quiere decir glorificar, exaltar.  En 1973 introduce el concepto de semblante (semblant): define o et etit A como un ”semblante de ser” y afirmando que el amor va dirigido hacia un semblante lo pone en relación con la jouissance (D. Evans, op. cit., p. 175).
              Sin embargo, para acceder al esplendor de lo real se necesita una aproximación a la obra de Lacan más general y totalizadora, que proceda de la consideración del objeto por excelencia del pensamiento lacaniano: la psicosis y sus formaciones.  Estas formaciones, es decir, los delirios y las alucinaciones, presentan una característica especialmente importante: la de imponerse al afectado por ellas como si perteneciesen a lo real.  Para explicar este mecanismo psíquico Lacan introduce un nuevo concepto, el de forclusion: a diferencia de la represión (refoulement), la forclusion (que. es el mecanismo específico de la psicosis) no se encuentra sepultada en el inconsciente, sino expulsada del inconsciente. Sus significantes no han sido asimilados en el orden de lo simbólico.  El elemento forcluido procede por ello del exterior. Lacan da totalmente la vuelta a un lugar común del psicoanálisis: la enfermedad mental (la más grave de todas ellas, la psicosis) no nace de la represión de lo real, sino, al contrario, de una carencia, de un agujero en el orden de lo simbólico. Para subrayar el carácter excéntrico y exterior de semejante experiencia Lacan acuña el término extimité (en oposición a intimité), que precisamente designa una exterioridad radical que va más allá de la antítesis entre interno y externo.
              Estos materiales teóricos me parecen de la mayor importancia en relación con el arte y la estética.  Quien capta sólo la abyección del arte radical, sin ver su esplendor, queda prisionero de una idea ingenua de lo real.  En las obras más significativas e importantes del realismo psicótico hay una belleza extremada, para la que habría que resucitar un concepto de la tradición filosófica olvidado durante más de dos siglos: el de magnificencia.
Traducción: Alfredo Tabema
In ”La Fundación Cultural” Santiago del Estero (Argentina)    
Nº 18 Marzo 2004

 

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